Por Melanie Asmar, Chalkbeat
Posted August 27, 2026
La directora de la escuela primaria Goldrick tenía una pregunta para los “alumnos de tercer curso súper, súper listos” que estaban formados en el patio el lunes, primer día de clase.
“Levantad la mano si recordáis una de las normas sobre cómo usar los columpios en Goldrick”, dijo la directora Taryn Rawson. “Bella, con voz alta y orgullosa. ¿Cuál es una de nuestras normas?”.
“No se puede balancearse de lado a lado”, respondió la niña. Un compañero de clase añadió otra norma: no dar vueltas.

Dos hombres adultos —uno con botas de vaquero y el otro con zapatos de vestir— se subieron a los columpios. El alcalde de Denver, Mike Johnston, dio vueltas hasta que las cadenas metálicas de su columpio se enredaron. El superintendente de las Escuelas Públicas de Denver, Alex Marrero, hizo lo mismo.
“¡Noooooo!”, gritaron al unísono los alumnos de tercer curso.
La demostración de las normas del patio fue uno de los momentos más distendidos de la gira de vuelta al cole de Marrero, en la que visitó aulas y habló con los alumnos al comienzo del curso escolar 2026-27. El distrito escolar más grande de Colorado se enfrenta este año a varios cambios y retos, entre ellos una nueva prohibición del uso de teléfonos móviles desde que suena el timbre de entrada hasta el de salida, la posibilidad de que se produzcan más cierres de colegios, un par de enfrentamientos con la Administración Trump y la incertidumbre sobre si los votantes de Denver aprobarán en noviembre un aumento de impuestos de 44 millones de dólares para las escuelas públicas.
También existe una tensión latente entre Marrero y el consejo escolar, que es el responsable de su contratación y despido. Solo la presidenta del consejo, Xóchitl Gaytán, y la consejera Marlene De La Rosa acompañaron a Marrero en su visita a la CMS Community School, la escuela primaria Goldrick, la Rocky Mountain Prep Westwood, la DSST College View y la Denison Montessori, en el suroeste de Denver.
En Goldrick, Marrero escuchó mientras el profesor de quinto curso, Craig Sellers, repasaba las normas de su clase. ¿Regla número uno? No tocarse. ¿Regla número dos? Quedarse en el sitio. ¿Regla número tres? No decir palabrotas.
“Lo intentaré”, dijo en voz baja un niño sentado en la primera fila.
Marrero explicó que quería visitar el aula de Sellers porque sus alumnos habían mostrado un progreso extraordinario en las pruebas estatales estandarizadas de matemáticas y lectoescritura la pasada primavera. Johnston, un antiguo profesor, se refirió a Sellers como “el LeBron James de la enseñanza de la lectura”.
“Os ha tocado la clase de la suerte”, les dijo Marrero a los alumnos.
Marrero también visitó dos colegios concertados, autorizados por el distrito pero supervisados por organizaciones independientes sin ánimo de lucro. Las visitas fueron en parte una muestra y en parte un intercambio de información, ya que Marrero preguntó a los responsables de los colegios concertados por sus fechas de inicio y la ratio de alumnos por profesor. Marrero ha adoptado en ocasiones una postura firme con los colegios concertados, presionando para que cierren aquellos con bajo rendimiento.
Rocky Mountain Prep Westwood ofreció a Marrero y a los miembros del consejo batidos de fruta, burritos de desayuno, camisetas con el logotipo de la escuela y frisbees. El colegio colocó un libro infantil escrito por Marrero, titulado “Ask My Amigos”, en su máquina expendedora de libros situada junto a la puerta principal.
Los colegios concertados elaboran sus propios calendarios, y Rocky Mountain Prep Westwood ya llevaba una semana de clases. Marrero observó cómo los alumnos de sexto curso definían la palabra “autoritario” y los de séptimo escribían sobre cómo China retrataba la Revolución Cultural en su propaganda. La profesora les concedía un punto extra si utilizaban la palabra “pernicioso” en su respuesta.
En DSST College View, Marrero y los miembros del consejo se reunieron con un grupo de alumnos de octavo curso antes de que tres alumnos de último curso les guiaran por la escuela concertada.
De La Rosa preguntó a uno de los alumnos de último curso qué opinaba sobre la nueva prohibición de los móviles. Comentó que había recibido varios correos electrónicos de padres molestos durante la semana anterior.
“Creo que me ha ayudado mucho porque me permite concentrarme”, dijo el alumno de último curso, Ángel. “No llevo el móvil en el bolsillo. Nada va a distraerme”.
Uno de los alumnos de octavo curso le hizo una pregunta a Marrero: “¿Cuál es tu colegio favorito del DPS?”
“Lo que se supone que debo decir es que no tengo ninguna favorita, igual que cuando te preguntan cuál es tu hijo favorito”, dijo Marrero, que llevaba una camiseta con los logotipos de los institutos gestionados por el distrito —pero no de los concertados— en la espalda. “Pero respondo a la pregunta… Es Northfield”.
Enumeró varias razones, entre ellas que Northfield High, un instituto gestionado por el distrito que abrió sus puertas en 2015 en el noreste de Denver, “deja en evidencia a las universidades”. Marrero también comentó que vive cerca de Northfield y que a veces da un paseo por sus instalaciones, y que el instituto había sido clasificado recientemente como el mejor instituto de Colorado por la revista U.S. News and World Report.
El director de la DSST le entregó a Marrero un regalo: una camiseta de béisbol de la DSST College View.
Melanie Asmar es la jefa de la oficina de Chalkbeat Colorado. Este artículo fue publicada originalmente por Chalkbeat.
Traducido por Juan Carlos Uribe, The Weekly Issue/El Semanario.
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