{"id":7641,"date":"2019-02-28T04:14:28","date_gmt":"2019-02-28T04:14:28","guid":{"rendered":"http:\/\/elsemanarioonl.wpengine.com\/?p=7641\/"},"modified":"2019-02-28T04:15:12","modified_gmt":"2019-02-28T04:15:12","slug":"que-sucede-cuando-regresan-a-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elsemanarioonline.com\/es\/que-sucede-cuando-regresan-a-casa\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 Sucede Cuando Regresan a Casa?"},"content":{"rendered":"<p><!-- VideographyWP Plugin Message: Automatic video embedding prevented by plugin options. --><br \/>\n<strong>por Ginger Thompson<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La Navidad de este a\u00f1o no iba a ser mucha cosa en el peque\u00f1o hogar de los Maldonado en la parte Oriental de El Salvador. Pero luego lleg\u00f3 Wilder, de 6 a\u00f1os de edad, acarreando una mochila repleta de los remanentes coloridos de su breve vida en los Estados Unidos; el tiempo en que las autoridades migratorias lo separaron de su padre.<\/p>\n<p>De pronto, los dos humildes cuartos con piso de tierra y paredes mon\u00f3tonas de adobe se volvieron festivos. Mientras que el guisado de pollo herv\u00eda en la estufa de madera, un grupo de ni\u00f1os descalzos hurgaban jubilosos en la gran bolsa negra, sacando todos sus tesoros.<\/p>\n<p>Kevien, de dos a\u00f1os, reclam\u00f3 las piyamas del Hombre Ara\u00f1a, junto con la m\u00e1scara de ese personaje con voz electr\u00f3nica que dice cosas como: \u201c\u00a1Cuidado, es hora de lanzar telara\u00f1as!\u201d. Darwin, el vecino, comenz\u00f3 a posar con los lentes de ese mismo s\u00faper h\u00e9roe decorados con hilos plateados como telara\u00f1as y luces intermitentes en el armaz\u00f3n.<\/p>\n<p>Yohana, de 14 a\u00f1os y delgada como bailarina, escogi\u00f3 un bal\u00f3n brilloso de f\u00fatbol con las letras \u201cUSA\u201d en un costado, y llam\u00f3 a Darwin para que salieran a jugar. Entretanto, MiLeidi, la beb\u00e9 de 8 meses, daba chillidos contentos ante un mono de peluche que parec\u00eda enorme en comparaci\u00f3n con ella. Era Olaf el hombre de nieve de \u201cUna aventura congelada\u201d (<em>Frozen<\/em>, en ingl\u00e9s).<\/p>\n<p>Wilder era el \u00fanico chiquillo a quien no parec\u00eda importarle mucho lo que ven\u00eda en la mochila. Se sent\u00f3 solo sobre una de las camas de la casa, apartado de la conmoci\u00f3n, y se entretuvo absorto con los juegos del viejo celular de su madre. Kevien le ofreci\u00f3 a Wilder la m\u00e1scara parlante, tratando de animarlo para que saliera a jugar. Pero Wilder agit\u00f3 la cabeza diciendo que no y sin siquiera subir la mirada del celular, volte\u00f3 el cuerpo hacia el otro lado.<\/p>\n<figure id=\"attachment_7640\" aria-describedby=\"caption-attachment-7640\" style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-recalc-dims=\"1\" fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-7640 size-full\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/elsemanarioonl.wpengine.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?resize=600%2C401\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"401\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?w=600&ssl=1 600w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?resize=150%2C100&ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?resize=300%2C201&ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?resize=90%2C60&ssl=1 90w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?resize=180%2C120&ssl=1 180w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/CO-Cover-E-Wilder-1pic.jpg?resize=95%2C64&ssl=1 95w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7640\" class=\"wp-caption-text\">Foto: Hector Emanuel, especial a ProPublica La vida de Wilder en El Salvador es claramente distinta a la que tuvo en los Estados Unidos en el hogar de crianza.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Los juguetes de la mochila eran lo \u00fanico que le quedaba del viaje de siete meses que hiciera a los Estados Unidos con su padre, Hilario Maldonado; un trayecto que lo alejar\u00eda de su mundo en El Salvador y de la existencia empobrecida de su familia, para arrojarlo a un lugar con televisores y duchas calientes, donde dorm\u00eda en una litera y com\u00eda tanta pizza como quer\u00eda. Hab\u00edan viajado hasta all\u00ed en una serie de camiones tan repletos de inmigrantes que casi se hab\u00eda ahogado, y hab\u00edan llegado a su objetivo solo para ser separados durante meses en un limbo singularmente estadounidense. Cuando volvi\u00f3 a reunirse con su padre, fue solo para que los subieran a un avi\u00f3n del gobierno y los enviaran de vuelta a El Salvador, desmoron\u00e1ndose as\u00ed el esfuerzo que hab\u00eda costado meses de dificultades y miles de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Wilder es uno de los casi tres mil ni\u00f1os y ni\u00f1as inmigrantes que se vieron afectados este a\u00f1o por la pol\u00edtica de cero tolerancia de la administraci\u00f3n de Trump. El p\u00fablico lleg\u00f3 a saber de la separaci\u00f3n de Wilder y su padre cuando el chico se present\u00f3 por s\u00ed solo en el juzgado a fines de noviembre, portando un gorro bordado con un enorme par de ojos azules y un mech\u00f3n rojo de estambre. Bajo estas medidas tan severas y sin precedentes, las autoridades migratorias tuvieron la obligaci\u00f3n de someter a proceso penal a cualquier persona detenida al cruzar la frontera ilegalmente, as\u00ed como de tomar posesi\u00f3n de cualquier menor acompa\u00f1ante.<\/p>\n<p>El padre de Wilder, un agricultor de 38 a\u00f1os que luchaba por la subsistencia de su familia, no sab\u00eda de la pol\u00edtica cuando parti\u00f3 de El Salvador en busca de un trabajo decente para \u00e9l y de un futuro m\u00e1s brillante para su hijo. En cuanto atravesaron el R\u00edo Bravo en Texas, Maldonado se entreg\u00f3 junto con Wilder a las autoridades de Aduana y Protecci\u00f3n Fronteriza de los EE. UU. Sin embargo, pasados cinco d\u00edas bajo su custodia, unos agentes lo alejaron de su padre para enviarlo a un hogar de crianza provisional en San Antonio, mientras que Maldonado fue llevado a un centro de detenci\u00f3n como a una hora de distancia.<\/p>\n<p>Las medidas de cero tolerancia concluyeron poco tiempo despu\u00e9s, por lo menos oficialmente, luego de que una tormenta de indignaci\u00f3n internacional forzara a la administraci\u00f3n a rescindirlas. Un juez federal dict\u00f3 que las autoridades devolvieran a todos los menores afectados a sus familias, esfuerzo que dur\u00f3 meses y cost\u00f3 miles de millones de d\u00f3lares debido a que los funcionarios migratorios no ten\u00edan registros detallados de la pertenencia de los menores ni de sus padres. Wilder, regordete, con el cabello rapado y chimuelo, fue uno de los \u00faltimos casos en resolverse.<\/p>\n<p>El 21 de diciembre fue su primera ma\u00f1ana de regreso en su hogar. Pero ten\u00eda la mente en otros lugares.<\/p>\n<p>Cuando se le pregunt\u00f3 c\u00f3mo estaba, Wilder contest\u00f3 en ingl\u00e9s sin quitar la mirada del tel\u00e9fono. <em>\u201cI\u2019m fine\u201d<\/em> (\u201cEstoy bien\u201d).<\/p>\n<p>No contest\u00f3 nada cuando se le pregunt\u00f3 si estaba contento de haber regresado. Su madre, Mar\u00eda Elida Cabrera, le dio un suave empujoncito con el codo. \u201cWilder, \u00bfest\u00e1s contento de estar en casa conmigo, verdad?\u201d le dijo en espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Wilder subi\u00f3 la vista un par de segundos y forz\u00f3 una sonrisa. <em>\u201cYes, I\u2019m happy\u201d<\/em> (\u201cS\u00ed, estoy contento\u201d), dijo en ingl\u00e9s nuevamente y volvi\u00f3 a su juego.<\/p>\n<p>Cabrera, de 35 a\u00f1os, con una cola de cabello liso y algo desordenado, sali\u00f3 al patio trasero y dijo en voz baja para que su hijo no la oyera: \u201cEsto debe ser duro para \u00e9l. Ha sido dif\u00edcil para todos nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Wilder no quiso hablar mucho acerca de sus experiencias al estar nuevamente en el seno familiar; y, no es que tenga la edad suficiente para darles sentido. Con la excepci\u00f3n de los funcionarios migratorios que lo separaron de su padre, fue v\u00edctima de las buenas intenciones de muchas personas. Primero estuvo el intento desesperado de su padre por sacar a su familia de la miseria, seguido por la buena voluntad de una familia texana que le ofreci\u00f3 una vida c\u00f3moda y reconfortante y, en tercer plano, la decisi\u00f3n del juzgado federal de cesar la cero tolerancia y enviar a Wilder de vuelta a su familia en El Salvador.<\/p>\n<p>Por ahora, el mejor entendimiento sobre lo que puede estar pasando en la mente joven de Wilder proviene de los adultos que lo acompa\u00f1aron en su dura experiencia. Todos se oyen tristes y abatidos.<\/p>\n<p>\u201cNo s\u00e9 qu\u00e9 tiene de especial este chico, pero fue dif\u00edcil dejarlo ir\u201d, dijo Erica Gallegos, la mujer de San Antonio que se hizo cargo de cuidar a Wilder mientras estuvo en los Estados Unidos. Durante nuestra llamada de 45 minutos llor\u00f3 casi todo el tiempo. \u201cSe volvi\u00f3 parte de la familia en muy poco tiempo\u201d.<\/p>\n<p>Para Mar\u00eda Elida Cabrera, madre de Wilder, el tiempo que su hijo estuvo lejos le pareci\u00f3 una eternidad. Hab\u00eda cambiado de tantas maneras que mencion\u00f3 sentirse mareada solo de verlo. Ya no le quedaba su ropa porque era mucho m\u00e1s delgado cuando se fue. Y ahora ten\u00eda la sonrisa llena de huecos por haber perdido varios dientes de leche. Tambi\u00e9n hab\u00eda viajado en avi\u00f3n y en transbordador, nad\u00f3 en el Golfo de M\u00e9xico, dej\u00f3 que un barbero le cortara el cabello; lo vacunaron, le gust\u00f3 una ni\u00f1a por primera vez, fue al cine, aprendi\u00f3 a atarse las agujetas, a escribir su nombre y a andar en bicicleta. Su vocabulario se ampli\u00f3. Ahora puede contar hasta veinte en ingl\u00e9s. Su madre tambi\u00e9n dijo que ya no le grita \u00f3rdenes. Ahora dice \u201cpor favor\u201d y \u201cgracias\u201d.<\/p>\n<p>\u201cMe cuenta cosas y no s\u00e9 de qu\u00e9 me est\u00e1 hablando\u201d, dijo Cabrera. \u201cQu\u00e9 es un <em>Grinch<\/em>\u201d?<\/p>\n<p>Emigrar a los Estados Unidos no fue algo nuevo para el padre de Wilder. Hilario Maldonado vivi\u00f3 en el pa\u00eds desde finales de los noventas hasta principios de la d\u00e9cada de 2000, primero como indocumentado y desde 2001 con permiso de protecci\u00f3n provisional. El Salvador sufri\u00f3 una serie de terremotos terribles y la administraci\u00f3n del presidente Bush permiti\u00f3 que 150 mil inmigrantes salvadore\u00f1os permanecieran y trabajaran en los EE. UU., con la esperanza de que el dinero que remitieran a sus familias ayudara con la recuperaci\u00f3n del pa\u00eds centroamericano.<\/p>\n<p>En ese entonces Maldonado era soltero, y trabaj\u00f3 en restaurantes y obras de construcci\u00f3n a lo largo de la costa este, desde Tampa, Florida hasta Long Island en Nueva York, enviando ayuda a su madre en El Salvador. Sin embargo, en 2003, dijo, regres\u00f3 a su hogar porque ella se enferm\u00f3, y utiliz\u00f3 parte del dinero que se hab\u00eda ganado para conseguirle atenci\u00f3n m\u00e9dica. Poco despu\u00e9s conoci\u00f3 a Cabrera (quien tiene parentesco con la esposa de uno de sus hermanos), comenz\u00f3 una familia, compr\u00f3 unas cuantas vacas para criarlas y venderlas, y construy\u00f3 una casa sencilla con sus propias manos. Su propiedad se encuentra en parte de los terrenos de la familia de su esposa, en las afueras del poblado pintoresco de Lislique.<\/p>\n<p>\u201cMi intenci\u00f3n era quedarme en El Salvador\u201d, dijo Maldonado. \u201cMe fui \u00fanicamente porque comenc\u00e9 a tener problemas\u201d.<\/p>\n<p>Cabrera y Maldonado comentaron que su negocio de ganado comenz\u00f3 a fallar desde hace unos cuatro a\u00f1os. Hilario trat\u00f3 de ampliarlo y pidi\u00f3 varios miles de d\u00f3lares para aumentar su manada, pero las pandillas violentas de su pa\u00eds comenzaron a entrar a Lislique y a exigir parte de sus ganancias. Cabrera dijo que su esposo comenz\u00f3 a buscar distintos trabajos para complementar sus ingresos y poder pagar, tanto sus deudas, como el dinero que exig\u00edan las pandillas.<\/p>\n<p>Cada mes hab\u00eda menos para cubrir las necesidades de su familia, agreg\u00f3. Entonces, cuando Maldonado les dijo a los pandilleros que ya no ten\u00eda suficiente para pagarles, le dieron una paliza y amenazaron con matarlo.<\/p>\n<p>Cabrera tambi\u00e9n dijo que en mayo su esposo decidi\u00f3 arriesgarse una vez m\u00e1s. Pidi\u00f3 prestados US$5,500, cantidad que los contrabandistas conocidos como coyotes le cobrar\u00edan para llevarlo a los Estados Unidos a pedir asilo. El plan era ganar dinero suficiente para mantenerla a ella y a los ni\u00f1os en su pa\u00eds y luego, cuando lograra cambiar su estado migratorio, traerlos tambi\u00e9n a los EE. UU.<\/p>\n<p>Mencion\u00f3 que los coyotes le advirtieron a Maldonado que cruzar la frontera ya no era tan f\u00e1cil como la \u00faltima vez que hab\u00eda emigrado. En lugar de entrar al pa\u00eds a escondidas, le dijeron que deber\u00eda entregarse inmediatamente a las autoridades fronterizas. Tambi\u00e9n le sugirieron que se llevara a uno de sus hijos porque estar\u00eda detenido menos tiempo si llevaba a un menor.<\/p>\n<p>\u201cYo no quer\u00eda dejar que Wilder se fuera\u201d, se\u00f1al\u00f3 Cabrera. \u201cPero Hilario dijo que esa era la \u00fanica manera y me prometi\u00f3 que lo cuidar\u00eda bien. Dijo que Wilder tendr\u00eda oportunidades que aqu\u00ed en El Salvador no existen\u201d.<\/p>\n<p>Maldonado cont\u00f3 que el cruce por Centroam\u00e9rica y M\u00e9xico, casi siempre montados en camionetas pickup o camiones de carga repletos y no equipados para llevar a seres humanos, fue muy pesado para \u00e9l y casi fatal para Wilder. \u201cYo trataba de darle una vida mejor\u201d, dijo Maldonado de su hijo, \u201cy dos veces casi se me muere\u201d.<\/p>\n<p>Maldonado agreg\u00f3 que uno de los camiones de carga iba sellado y tan lleno que Wilder se desmay\u00f3. Trat\u00f3 de moverse y encontrar una apertura en la caja de carga, haciendo a un lado al hombre que ten\u00eda junto y empujando la nariz y boca de su hijo contra el hueco hasta que Wilder abri\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>Wilder se desmay\u00f3 nuevamente durante otro tramo del viaje, cuando iba con su padre en la caja de una camioneta pickup en plena tormenta. Cuando se le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 hab\u00eda arriesgado a su hijo de esas formas contest\u00f3: \u201cEstaba desesperado. Pens\u00e9 que si no me iba de El Salvador, mis hijos se morir\u00edan de hambre o quedar\u00edan hu\u00e9rfanos\u201d.<\/p>\n<p>Maldonado dijo que hab\u00eda concluido la parte m\u00e1s dif\u00edcil del viaje cuando lleg\u00f3 con Wilder a la frontera de los Estados Unidos el 31 de mayo. Pero en ese momento se toparon con la pol\u00edtica de cero tolerancia de la administraci\u00f3n de Trump.<\/p>\n<p>\u201cLos agentes se me acercaron y me quitaron a Wilder de los brazos\u201d, dijo Maldonado, hombre fornido de mand\u00edbula cuadrada y dientes cubiertos de metal. \u201c\u00c9l gritaba: \u2018\u00a1Pap\u00e1, pap\u00e1!\u2019 Pero no pude hacer nada. No pude correr tras \u00e9l. Recuerdo que solo me qued\u00e9 mir\u00e1ndolo mientras se lo llevaban y sent\u00ed que se me deten\u00eda el coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, el gobierno federal coloc\u00f3 a Wilder bajo la tutela provisional de la familia Gallegos en San Antonio. Erica Gallegos dijo que tuvo a cuatro ni\u00f1os de tutela en su casa hogar durante la mayor parte del tiempo en que Wilder estuvo con ellos. Uno de ellos fue otro centroamericano de cinco a\u00f1os que tambi\u00e9n fue separado de uno de sus padres.<\/p>\n<p>Gallegos dijo que estos dos chicos dorm\u00edan en literas en una misma habitaci\u00f3n; Wilder en la cama de arriba.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n mencion\u00f3 que Wilder no hab\u00eda hablado mucho durante los primeros d\u00edas que estuvo en con ellos, ya que se encontraba confundido y cansado. Dijo que ella le dio espacio, interactuando con \u00e9l solo cuando \u00e9l quer\u00eda y dej\u00e1ndolo solo cuando no. A finales de la primera semana mencion\u00f3 que logr\u00f3 gan\u00e1rselo cuando le aclar\u00f3 que no lo hab\u00edan separado de su familia para siempre y que ella solo lo cuidar\u00eda hasta que se volvieran a reunir.<\/p>\n<p>\u201cLe dije que me pod\u00eda decir t\u00eda\u201d, coment\u00f3 Gallegos. Erica comenz\u00f3 a llorar. \u201cQuer\u00eda que se sintiera en casa, pero que no fuera a pensar que yo trataba de ser su mam\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>A partir de all\u00ed, dijo que Wilder se integr\u00f3 m\u00e1s contento en el clan Gallegos: la pareja de padres y cuatro hijos que incluyen a tres ya adultos con familia propia. La familia tambi\u00e9n empez\u00f3 a encari\u00f1arse con \u00e9l. Erica Gallegos lo inscribi\u00f3 en el primer grado y lo llevaba a la iglesia los domingos. Ten\u00edan noches de pizza y pel\u00edcula en forma regular. Lo llev\u00f3 a visitar a sus padres en la ciudad fronteriza de Del R\u00edo. Wilder acompa\u00f1\u00f3 a la familia cuando fueron de vacaciones a las playas de Corpus Christi, donde comi\u00f3 golosinas, vio delfines nadar junto al transbordador y qued\u00f3 maravillado al ver el tama\u00f1o gigantesco del mar.<\/p>\n<p>A diferencia de otros ni\u00f1os que ha cuidado, Gallegos dijo que Wilder parec\u00eda ansiar reglas y rutinas. Dijo que le ense\u00f1\u00f3 una sola vez a doblar su ropa y guardar sus zapatos y que raramente ten\u00eda que recordarle esas tareas. Tambi\u00e9n coment\u00f3 que el chico tend\u00eda su propia cama y le ped\u00eda que se la revisara para asegurarse de que lo hab\u00eda hecho bien. Por las noches, dijo que Wilder no se dorm\u00eda sino hasta que ella rezara con \u00e9l.<\/p>\n<p>Gallegos y Wilder disfrutaban ir con su hija de trece a\u00f1os a los juegos de b\u00e9isbol y v\u00f3leibol. De hecho, Erica dijo que le gustaba acompa\u00f1arla a todos lados. \u201cQuer\u00eda mucho a mi hija\u201d, coment\u00f3 ri\u00e9ndose. \u201cSe le quedaba mirando todo el tiempo y una vez le pregunt\u00f3 a mi marido si podr\u00eda ser su novia\u201d.<\/p>\n<p>Aparte del Hombre Ara\u00f1a y la pizza de <em>pepperoni<\/em>, Gallegos dijo que lo que m\u00e1s gozaba Wilder eran las duchas largas con agua caliente.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQuiere que le cuente lo que se tardaba en ba\u00f1arse?\u201d, agreg\u00f3. \u201cMedia hora. Cuando entraba a sacarlo, el ba\u00f1o estaba hirviendo y lleno de vapor\u201d.<\/p>\n<p>Gallegos comenz\u00f3 a sollozar de nuevo. \u201cYo no quer\u00eda que se fuera jam\u00e1s. Recuerdo que le dije a la trabajadora social que me dejara llamar a su madre para pedirle que me permitiera cuidarlo. Mi esposo me recordaba que no era nuestro ni\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p>Entretanto, la familia de Wilder se encontraba en crisis. Maldonado segu\u00eda detenido y no hab\u00eda tenido \u00e9xito en la entrevista de temor cre\u00edble, primer y crucial paso del proceso de asilo, en el cual un funcionario afirma que un inmigrante tiene un temor justificable de correr peligro en su pa\u00eds de origen. Adem\u00e1s, pasar\u00edan meses para tener una audiencia ante un juez. Al mismo tiempo, en El Salvador, Cabrera luchaba sola para cuidar a sus otros tres hijos.<\/p>\n<p>Kevien, de dos a\u00f1os, tuvo par\u00e1sitos en octubre, lo cual le produjo s\u00edntomas de v\u00f3mito, diarrea e inflamaci\u00f3n en el vientre, mencion\u00f3 ella. Cabrera no tuvo dinero para alimentos ni medicinas, hasta que una organizaci\u00f3n de abogac\u00eda para inmigrantes, establecida para ayudar a las familias afectadas por la cero tolerancia, se enter\u00f3 de sus problemas y le enviaron fondos. \u201cNo s\u00e9 qu\u00e9 hubiera sucedido sin esa ayuda\u201d, coment\u00f3. \u201cNi siquiera quiero pensarlo\u201d.<\/p>\n<p>Para diciembre, Maldonado ya se hab\u00eda cansado de luchar. Un juez de inmigraci\u00f3n neg\u00f3 su petici\u00f3n de asilo y, aunque hubiera podido apelarla, eso lo habr\u00eda mantenido detenido varias semanas m\u00e1s. Mencion\u00f3 que sinti\u00f3 que las probabilidades de lograr el asilo estaban en su contra y que su familia se estaba derrumbando. Entonces se declar\u00f3 culpable de haber entrado al pa\u00eds ilegalmente para que lo deportaran. Tambi\u00e9n pidi\u00f3 llevarse a Wilder con \u00e9l.<\/p>\n<p>Sin embargo, esa decisi\u00f3n ser\u00eda de Wilder. Cuando las autoridades lo separaron f\u00edsicamente de su padre, tambi\u00e9n dividieron su petici\u00f3n de asilo. Por lo tanto, depend\u00eda de \u00e9l, no de su padre, decidir si renunciaba a la petici\u00f3n para regresar a su casa. La primera vez que Wilder se present\u00f3 en el tribunal de inmigraci\u00f3n fue sin abogado, para luego ser representado por la abogada de su padre, Thelma O. Garc\u00eda. La transcripci\u00f3n de la entrevista entre Wilder y Garc\u00eda sugiere que no comprend\u00eda la gravedad de la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Abogada: \u201cHola Wilder. \u00bfQuieres regresar a tu hogar?\u201d<\/p>\n<p>Wilder: \u201cS\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Abogada: \u201c\u00bfEntiendes lo que te estoy preguntando?\u201d<\/p>\n<p>Wilder: \u201cS\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Abogada: \u201c\u00bfQuieres volver al tribunal?\u201d<\/p>\n<p>Wilder: \u201cNo\u201d.<\/p>\n<p>Abogada: \u201c\u00bfQuieres regresar con tu pap\u00e1 y mam\u00e1 y el resto de tu familia?\u201d<\/p>\n<p>Wilder: \u201cS\u00ed. Quiero regresar con mi familia y verlos\u201d.<\/p>\n<p>Abogada: \u201cOK. Te vamos a ayudar a volver con ellos muy pronto\u201d.<\/p>\n<p>Wilder: \u201cEl Hombre Ara\u00f1a es mi s\u00faper h\u00e9roe favorito\u201d.<\/p>\n<p>Esta declaraci\u00f3n fue suficiente para que un juez de migraci\u00f3n dictara que Wilder fuera devuelto a su padre y enviado a El Salvador.<\/p>\n<p>Gallegos dijo que Wilder comenz\u00f3 a retraerse nuevamente cuando se dio cuenta de que lo enviar\u00edan a su casa. Coment\u00f3 tambi\u00e9n que cuando lo llevaba a la escuela cantaban juntos una melod\u00eda cristiana titulada \u201cTuyo soy\u201d, pero que cuando la puso una ma\u00f1ana al acercarse su partida, Wilder comenz\u00f3 a llorar.<\/p>\n<p>\u201cNo me quiero ir\u201d, dijo Gallegos que expres\u00f3 el chico. \u201cNo quiero dejarla. La voy a extra\u00f1ar mucho\u201d.<\/p>\n<p>Galleros coment\u00f3 que trat\u00f3 de asegurarle a Wilder que todo saldr\u00eda bien, sin mostrarle sus propios temores. \u201cAqu\u00ed ten\u00eda todo lo que quer\u00eda\u201d, se\u00f1al\u00f3, \u201cy \u00e9l sab\u00eda que no tendr\u00eda lo mismo cuando regresara a su hogar\u201d.<\/p>\n<p>Antes de partir Wilder, Gallegos y su esposo rentaron la pel\u00edcula \u201cRambo\u201d y mandaron a traer pizza. Lo despertaron poco antes del amanecer y lo vistieron en la planta baja para que no molestara a su compa\u00f1ero de literas. Wilder not\u00f3 que Gallegos hab\u00eda empacado todas sus cosas en una mochila negra grande y pregunt\u00f3 si ese d\u00eda no ir\u00eda a la escuela.<\/p>\n<p>\u201cNo. Hoy regresar\u00e1s con tu familia\u201d, le contest\u00f3.<\/p>\n<p>Mencion\u00f3 que puso la cara en blanco y call\u00f3 completamente, y que no dijo casi nada durante el desayuno ni durante el viaje en autom\u00f3vil para encontrarse con la trabajadora social. \u201cIba silencioso\u201d, dijo Gallegos de Wilder. \u201cYo trat\u00e9 de no llorar porque no quer\u00eda que se sintiera mal\u201d.<\/p>\n<p>Cuando se baj\u00f3 del auto, Wilder abraz\u00f3 a Gallegos por la cintura. En los seis meses que pasaron juntos, dijo que lo hab\u00eda visto crecer de talla 4 a 8, adem\u00e1s de ca\u00e9rsele la mayor\u00eda de los dientes de leche. Ella tambi\u00e9n llor\u00f3 cuando Wilder se fue alejando.<\/p>\n<p>El chico se volvi\u00f3 a encontrar con su padre en el aeropuerto de Laredo, Texas, donde abordaron un avi\u00f3n oficial con otros cien salvadore\u00f1os deportados. Aterrizaron en El Salvador antes de la comida. El tama\u00f1o de Wilder no era todo lo que lo distingu\u00eda del resto del grupo. Los hombres, incluso su padre, llevaban puestas camisetas andrajosas, pero Wilder llevaba botas Timberland de gamuza negra, una camisa roja de franela, un gorro del Hombre Ara\u00f1a y el ce\u00f1o fruncido.<\/p>\n<p>El vuelo incluy\u00f3 a otro chico de seis a\u00f1os que viajaba con su madre. Ellos hab\u00edan sido separados en septiembre, meses despu\u00e9s de que un juez ordenara que el gobierno dejara la pr\u00e1ctica, y apenas hab\u00edan sido reunidos de vuelta esa ma\u00f1ana. El chico, que se llama Esteven, platicaba con su madre como si le estuviera contando todo lo que ella se hab\u00eda perdido de su vida. Pero Maldonado coment\u00f3 que Wilder casi no habl\u00f3 con \u00e9l cuando los funcionarios registraron su entrada y les informaron acerca de los programas gubernamentales de asistencia a su disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>No fue sino hasta que vio a su madre que se le alegr\u00f3 la cara, mientras que ella se quebrant\u00f3 en llanto cuando su hijo corri\u00f3 a sus brazos. Cabrera coment\u00f3 que Wilder le dijo que estaba contento de verla dici\u00e9ndole: \u201cMam\u00e1, cuando estuve fuera no sab\u00eda si te volver\u00eda a ver. Te extra\u00f1\u00e9, Mam\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>Pero Wilder volvi\u00f3 a ensimismarse cuando llegaron a casa y Cabrera tuvo que volv\u00e9rselo a ganar. \u00c9l le dijo que se hab\u00eda cambiado el nombre a Peter Parker, sin que ella supiera que ese era el alter ego del Hombre Ara\u00f1a. Quer\u00eda ver la televisi\u00f3n, pero estaba descompuesta. Tampoco le gust\u00f3 c\u00f3mo su madre preparaba las tortillas, y se las empez\u00f3 a dar al gato. Quer\u00eda mostrarle que pod\u00eda montar en bicicleta. Cabrera dijo que ser\u00eda imposible comprarle una, debido a que su padre no ten\u00eda trabajo y deb\u00edan unos US$5,500 d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n mencion\u00f3 que Wilder le ha dicho que tiene un plan.<\/p>\n<p>\u201cMe cont\u00f3 que cuando sea grande quiere irse a los Estados Unidos a trabajar. Dice que conseguir\u00e1 un buen trabajo y enviar\u00e1 dinero para cuidarme\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ginger Thompson es un Reportero Senior en ProPublica. Reproducido con permiso de ProPublica, <a href=\"http:\/\/WWW.propublica.org\">propublica.org<\/a>.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Leer el Art\u00edculo Completo: <\/strong><a href=\"http:\/\/WWW.ELSEMANARIO.US\"><strong>ELSEMANARIO.US<\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Ginger Thompson \u00a0 La Navidad de este a\u00f1o no iba a ser mucha cosa en el peque\u00f1o hogar de los Maldonado en la parte Oriental de El Salvador. 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