{"id":11921,"date":"2020-11-27T01:56:45","date_gmt":"2020-11-27T01:56:45","guid":{"rendered":"http:\/\/elsemanarioonl.wpengine.com\/?p=11921"},"modified":"2020-11-27T01:56:45","modified_gmt":"2020-11-27T01:56:45","slug":"la-ninez-robada-de-obreros-adolescentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elsemanarioonline.com\/es\/la-ninez-robada-de-obreros-adolescentes\/","title":{"rendered":"La Ni\u00f1ez Robada de Obreros Adolescentes"},"content":{"rendered":"<p><!-- VideographyWP Plugin Message: Automatic video embedding prevented by plugin options. --><br \/>\n<strong>Melissa S\u00e1nchez<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No pens\u00e9 que <a href=\"https:\/\/www.propublica.org\/article\/el-mundo-secreto-de-los-adolescentes-inmigrantes-que-trabajan-en-peligrosos-turnos-nocturnos-en-fabricas-suburbanas\">esta historia<\/a> llegar\u00eda a ser tan personal.<\/p>\n<p>Pero mientras entrevistaba j\u00f3venes inmigrantes guatemaltecos que trabajan en turnos de noche en f\u00e1bricas de las afueras de Chicago, empec\u00e9 a ver al ni\u00f1o que imagino que mi padre fue una vez. Estoico. Exhausto.<\/p>\n<p>Vean ustedes, si no fuera por el trabajo infantil, no s\u00e9 si yo estar\u00eda aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Mi padre creci\u00f3 en el M\u00e9xico rural de los a\u00f1os 50. Era una vida de pobreza y hambre. Asisti\u00f3 a la escuela quiz\u00e1s un a\u00f1o, aprendiendo a leer y escribir y alguna matem\u00e1tica b\u00e1sica. Como era el var\u00f3n mayor de nueve hermanos, sus padres esperaban de \u00e9l que trabajara. Primero en la granja familiar. Despu\u00e9s, cuando ten\u00eda como 15 a\u00f1os, se fue solo a la Ciudad de M\u00e9xico para trabajar en una enorme planta de reciclaje, me dijo cu\u00e1ndo le llam\u00e9 recientemente para entrevistarle. El edificio estaba dividido en tres secciones: una para papel, una para vidrio, y una para huesos de animales. Aparentemente, los huesos eran pulverizados para hacer comida de perros.<\/p>\n<figure id=\"attachment_11920\" aria-describedby=\"caption-attachment-11920\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img data-recalc-dims=\"1\" fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-11920\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/elsemanarioonl.wpengine.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/CO-3-Col-S-Sanchez-1pic-by-Propublica-Melissa-Sanchez-300x300.jpg?resize=300%2C300\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/CO-3-Col-S-Sanchez-1pic-by-Propublica-Melissa-Sanchez.jpg?resize=300%2C300&ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/CO-3-Col-S-Sanchez-1pic-by-Propublica-Melissa-Sanchez.jpg?resize=100%2C100&ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/CO-3-Col-S-Sanchez-1pic-by-Propublica-Melissa-Sanchez.jpg?resize=600%2C600&ssl=1 600w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/CO-3-Col-S-Sanchez-1pic-by-Propublica-Melissa-Sanchez.jpg?resize=150%2C150&ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/www.elsemanarioonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/CO-3-Col-S-Sanchez-1pic-by-Propublica-Melissa-Sanchez.jpg?w=800&ssl=1 800w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-11920\" class=\"wp-caption-text\">Photo: ProPublica<br \/>Melissa S\u00e1nchez<\/figcaption><\/figure>\n<p>Cada d\u00eda iba a un basurero donde compraba pilas de papel y huesos a chatarreros (\u201cpepenadores\u201d en M\u00e9xico) y con una pala amontonaba los residuos en un cami\u00f3n. Me habl\u00f3 de las familias que vio en el vertedero que criaban a sus hijos y pollos en medio de la basura. \u201cEra algo sucio. Tu no quieres saber de eso,\u201d me dijo, su forma de protegerme todav\u00eda, aunque soy una madre de 36 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cada noche, cuando terminaba, su cuerpo estaba embadurnado con el polvo de los huesos aplastados y apestaba del olor del vertedero. Se duchaba con una manguera en el exterior de la pensi\u00f3n donde alquilaba un cuarto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de varios meses, mi padre volvi\u00f3 a su rancho luciendo unos flamantes vaqueros azules que hab\u00eda comprado con sus ganancias. Le dio el resto del dinero a su madre. Hizo un par de trabajos m\u00e1s de este tipo antes de emigrar a los Estados Unidos cuando ten\u00eda 17 a\u00f1os con dos primos y un hombre de un pueblo cercano.<\/p>\n<p>Este verano y oto\u00f1o, mientras escuchaba a adolescentes guatemaltecos describir sus historias de inmigraci\u00f3n y su sentido del deber de mantener a las familias que quedaron en casa, me di cuenta que ten\u00edan cerca de la misma edad de mi padre cuando se fue de casa la primera vez.<\/p>\n<blockquote><p>De ra\u00edz, sus experiencias y las de j\u00f3venes como ellos surgen de complejos problemas sist\u00e9micos y generacionales, empezando con la pobreza inextricable y la violencia en sus pa\u00edses de origen con historias sangrientas que han sido complicadas con intervenciones estadounidenses.<\/p><\/blockquote>\n<p>Pas\u00e9 mucho tiempo con estos adolescentes, sobre todo al tel\u00e9fono en largas llamadas entre escuela y trabajo, o en la l\u00ednea de banda de la cancha de juego durante sus partidos de f\u00fatbol, persiguiendo una idea que hab\u00eda tenido en marzo, en los primeros d\u00edas de la pandemia del coronavirus. Durante casi un a\u00f1o, hab\u00eda escuchado que m\u00e1s inmigrantes guatemaltecos estaban apareciendo en las naves de las f\u00e1bricas y que entre ellos hab\u00eda menores que trabajaban el turno de noche mientras estudiaban en escuelas secundarias de la zona durante el d\u00eda. Les dije a mis editores que quiz\u00e1s hab\u00eda una historia para contar de estos menores inmigrantes que ahora eran \u201ctrabajadores esenciales.\u201d<\/p>\n<p>No estaba segura de que tipo de historia iba a ser o si de hecho esto estaba sucediendo, ni si podr\u00eda conseguir que la gente me hablara. Pero mi instinto, y lo que sab\u00eda de las experiencias de mi padre, me dec\u00edan que era verdad.<\/p>\n<p>Les cont\u00e9 a los j\u00f3venes la historia de mi padre y de c\u00f3mo me ayudaba a entender, de una peque\u00f1a forma, algo de sus propias vidas. Les dije que cre\u00eda que sus historias ten\u00edan valor. Y les dije que los millones de estadounidenses que parecieron poner tanta atenci\u00f3n al drama de los ni\u00f1os centroamericanos en la frontera hace solo unos a\u00f1os deber\u00edan de saber cu\u00e1n dif\u00edciles y complicadas eran sus vidas hoy.<\/p>\n<p>Finalmente, gan\u00e9 la confianza de m\u00e1s de una docena de los adolescentes y j\u00f3venes que conoc\u00ed en Bensenville, donde viv\u00edan. Pero tener aquella confianza daba miedo. No quer\u00eda causarles da\u00f1o, y era una historia complicada de contar.<\/p>\n<p>Estos j\u00f3venes trabajan en condiciones que pocos estadounidenses pueden imaginar para sus propios hijos: cortando y empacando carne, fregando trozos afilados de metal, regando maquinaria pesada con mangueras de alta presi\u00f3n. A veces se lesionan y son vulnerables a la explotaci\u00f3n. Las empresas que les contratan, normalmente agencias temporales de empleo, cometen infracciones de leyes de trabajo infantil. Las agencias gubernamentales a cargo de hacer cumplir las leyes laborales no investigan porque nadie se est\u00e1 quejando. Y debido a que trabajan hasta tan tarde, los menores a menudo est\u00e1n demasiado cansados para aprender mucho en el colegio.<\/p>\n<p>Pero ellos no se ven como v\u00edctimas. No est\u00e1n pidiendo ser rescatados.<\/p>\n<p>Me hablaron bajo la condici\u00f3n de que no les identificara a ellos ni a las empresas donde trabajan; temen que ellos mismos o algunos de sus j\u00f3venes compa\u00f1eros puedan perder sus empleos y la capacidad para mantenerse, o llegar a enfrentar sanciones penales. (Estamos usando solo nombres parciales para identificar a los adolescentes.)<\/p>\n<p>\u201cSi [usted nombra la compa\u00f1\u00eda] luego luego les van a despedir a los menores que est\u00e1n all\u00ed,\u201d me dijo un adolescente. \u201cNo soy el \u00fanico menor que estaba all\u00ed.\u201d<\/p>\n<p>Otro se preocupaba por las compa\u00f1\u00edas donde ha trabajado. \u201cEs como si estuvieras echando la culpa a ellos. Diciendo que esta f\u00e1brica puso a trabajar adolescentes,\u201d dijo. \u201cMe pongo a pensar, ellos son buenos porque nos dejan trabajar.\u201d<\/p>\n<p>De ra\u00edz, sus experiencias y las de j\u00f3venes como ellos surgen de complejos problemas sist\u00e9micos y generacionales, empezando con la pobreza inextricable y la violencia en sus pa\u00edses de origen con historias sangrientas que han sido complicadas con intervenciones estadounidenses. Y tambi\u00e9n est\u00e1 el sistema de inmigraci\u00f3n estadounidense fundamentalmente viciado que hace dif\u00edcil que la gente venga aqu\u00ed aunque las empresas estadounidenses est\u00e1n deseando darles empleos.<\/p>\n<p>Y en gran parte del mundo en desarrollo, la infancia es un lujo. Pregunt\u00e9 a un ni\u00f1o esquel\u00e9tico de 15 a\u00f1os que trabaja en una empacadora de dulces c\u00f3mo ve su futuro. Me habl\u00f3, en una voz todav\u00eda quebrada por la pubertad, de sus futuros hijos, \u201cNo quiero que sufran esto que yo ya sufr\u00ed.\u201d Esa frase se qued\u00f3 conmigo: un ni\u00f1o diciendo que sue\u00f1a que los hijos que todav\u00eda no existen tengan una mejor vida que la de \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero lo entiendo. Si sus hijos nacen aqu\u00ed, como yo, tendr\u00e1n m\u00e1s oportunidades de las que \u00e9l tuvo en Guatemala. Mi padre probablemente habr\u00eda dicho lo mismo hace 50 y pico de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Espero que lean esta historia. Por favor compartan y d\u00edganme lo que piensan. Tambi\u00e9n, si eres un joven inmigrante con este tipo de antecedentes y experiencia laboral, o un educador o cualquier otra persona que trata con estudiantes como estos, me encantar\u00eda hablar con usted. Escr\u00edbanme un email a <a href=\"mailto:melissa.sanchez@propublica.org\">melissa.sanchez@propublica.org<\/a>.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Melissa S\u00e1nchez es una Reportera de Propublica Illinois. Traducci\u00f3n por Carmen Mendez. Esta historia fue publicada originalmente por <a href=\"https:\/\/www.propublica.org\/article\/el-mundo-secreto-de-los-adolescentes-inmigrantes-que-trabajan-en-peligrosos-turnos-nocturnos-en-fabricas-suburbanas\">ProPublica. <\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Leer M\u00e1s Comentarios: <\/strong><a href=\"http:\/\/www.elsemanario.us\/\"><strong>WWW.<\/strong><strong>ELSEMANARIO.US<\/strong><\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Melissa S\u00e1nchez \u00a0 No pens\u00e9 que esta historia llegar\u00eda a ser tan personal. 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