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Una Pregunta Sobre el Futuro


 

Chris M. Frésquez

Posted February 12, 2026

 

 

He estado siguiendo las redes sociales y el mundo digital desde el eslogan de AOL de 1989 “You’ve Got Mail” (Tienes correo). No ha disminuido su ritmo. Al contrario, ha seguido evolucionando a un ritmo que a menudo es difícil de comprender o predecir por completo.

 

Lo que está claro es que el mundo digital ya no se limita a las pantallas. Ha entrado en nuestros hogares a través de dispositivos como Alexa, Ring y otras tecnologías inteligentes. También se ha abierto camino en el comercio, la educación y, cada vez más, en los sistemas gubernamentales, incluidas las áreas del poder judicial.

 

A dónde nos llevará esto y cómo se regulará en última instancia sigue siendo una incógnita.

 

Estamos configurando poco a poco un mundo en el que la privacidad se ve mermada, la seguridad es cada vez más compleja y las economías locales luchan por mantenerse. Estas preocupaciones no son nuevas. Se han planteado repetidamente a lo largo del tiempo.

 

Sin embargo, la respuesta predominante suele ser la misma: “Este es el futuro”.

 

Lo que se pregunta con menos frecuencia, pero que es más importante, es:

 

¿El futuro para quién?

 

Este futuro no está guiado principalmente por las comunidades, las familias o las instituciones independientes. Tampoco está moldeado de forma coherente por la transparencia o la responsabilidad pública. En cambio, está influenciado por sistemas que no pertenecen a la mayoría de las personas, plataformas que no regulan y algoritmos diseñados en gran medida al margen del interés público.

 

A menudo se nos dice que este cambio es inevitable. Que la comodidad representa progreso. Que la recopilación de datos mejora la seguridad. Que la consolidación conduce a la eficiencia.

 

La realidad es más complicada.

 

Cuando las economías locales se debilitan, mientras que las grandes plataformas digitales se expanden, la innovación no beneficia a todos por igual.

 

Cuando los datos personales se vuelven más valiosos que la mano de obra, surgen nuevas preguntas sobre la equidad y el consentimiento.

 

Cuando el periodismo, la cultura y el diálogo cívico se tratan principalmente como “contenido”, se ve mermado algo esencial para la vida pública.

 

Es importante reconocer que la participación en este sistema no es igualitaria.

 

La mayoría de las personas no controlan la infraestructura.

 

No establecen las reglas.

 

No deciden cómo se prioriza o distribuye la información.

 

Sin propiedad ni supervisión, resulta más difícil mantener una agencia significativa.

 

Esta reflexión no es un rechazo a la tecnología. Es un llamamiento al equilibrio. Un recordatorio de que el progreso no debe exigir a las comunidades que renuncien a su independencia, su voz o su responsabilidad.

 

El futuro no está predeterminado.

 

Lo moldean las decisiones que tomamos, las instituciones que apoyamos y los valores que protegemos.

 

Responder a estos retos requiere una intención reflexiva. Comienza a nivel local y colectivo. Cuando las comunidades invierten en fuentes de información independientes y fiables, refuerzan su capacidad para comprender el poder de la integridad colectiva y establecer normas equitativas para todas las personas.

 

El compromiso social no es solo apoyo financiero. Es participación.

 

Es una inversión en el diálogo, la rendición de cuentas y el entendimiento mutuo.

 

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Juntos, podemos garantizar que el futuro siga siendo algo que ayudamos a moldear, en lugar de algo que simplemente nos sucede.

 

 

Chris M. Frésquez es editor y director general de The Weekly Issue El Semanario.

 

Traducido por Juan Carlos Uribe para The Weekly Issue/El Semanario.