Dusti Gurule
Posted January 15, 2026
La mayoría de nosotros no nos despertamos pensando en asambleas partidistas, redes de donantes o etiquetas de partidos. Pensamos en la seguridad de nuestras familias, si podemos acceder a la atención médica, si nuestros trabajos pagan lo suficiente para vivir y no nos ponen en riesgo, y si los sistemas que nos rodean hacen la vida más difícil o más fácil. Esto es especialmente cierto en nuestra comunidad Latina. La gente latina que ha votado ha demostrado, una y otra vez, que votamos con nuestros valores en mente, no en lealtad partidista.
Las agendas lideradas por el Partido Republicano han dejado claras sus prioridades: revertir nuestros derechos, criminalizar nuestras comunidades y restringir a quienes pertenecen. Esto es evidente, y nos organizamos contra el daño todos los días. Y cuando los Demócratas tienen el poder, la rendición de cuentas debe continuar, porque el daño a nuestras comunidades no desaparece tan simplemente.
Cuando actores políticos adinerados pueden permitirse violar la ley si el costo vale el resultado, la rendición de cuentas se vuelve opcional para quienes tienen recursos e inevitable para todos les demás.
En Colorado, los caucus y formaciones políticas respaldadas por donantes a menudo se presentan como pragmáticas, bipartidistas o “razonables”. Esta dinámica es evidente en formaciones como el Opportunity Caucus y la infraestructura de donantes que lo respalda, incluyendo grupos como One Main Street. Aunque legalmente distintos, estos actores funcionan dentro del mismo ecosistema, donde grandes sumas de dinero moldean las prioridades políticas y ejercen influencia entre bastidores, a menudo sin una transparencia significativa ni rendición de cuentas ante las comunidades más afectadas.
Hemos sido testigos de las políticas aprobadas bajo liderazgos Demócratas que aun así dejan a familias sin acceso a la atención médica, a trabajadores expuestos a condiciones inseguras y a personas inmigrantes navegando sistemas que nunca fueron diseñados pensando en ellos. Con demasiada frecuencia, la influencia impulsada por donantes pide a las mismas comunidades que acepten menos, esperen más o sean agradecidas por una reducción incremental del daño.
Colorado ha visto múltiples organizaciones políticas de “dinero oscuro” investigadas o encontradas en violación de las leyes de financiamiento de campañas en ciclos electorales recientes. Cuando actores políticos adinerados pueden permitirse violar la ley si el costo vale el resultado, la rendición de cuentas se vuelve opcional para quienes tienen recursos e inevitable para todos les demás.
Nuestra vigilancia crítica es necesaria porque no existe el dinero neutral en la política. Mientras los donantes debaten estrategias a puerta cerrada, nuestras comunidades se preocupan por algo mucho más básico: el dinero para poner comida en la mesa, no el dinero para comprar una elección.
La justicia reproductiva nos pide mirar el contexto completo de la vida de las personas —la raza, el estatus migratorio, el género, la clase, la discapacidad y la geografía— y preguntarnos si las políticas realmente apoyan la capacidad de las personas para vivir con dignidad y autodeterminación. Nos enseña que el daño no proviene solo de ataques abiertos, sino también de estructuras de toma de decisiones que excluyen la experiencia vivida mientras afirman actuar “en nombre” del público.
En COLOR Action Fund, nuestro trabajo político se centra en cambiar la manera en que se toman las decisiones. Eso significa llevar las voces de nuestra comunidad y la experiencia vivida a los espacios donde se define la política pública, y negarnos a aceptar el daño a nuestras familias como una moneda de cambio político. No compramos acceso; construimos poder con la gente.
Mientras Colorado entra en otro ciclo electoral, con respaldos y prioridades legislativas tomando forma entre bastidores, estas preguntas importan más que nunca. Cuando la influencia política se moldea en espacios que nos excluyen, el resultado suele ser una política que parece “razonable” en el papel, pero que causa un daño real en nuestras mesas, especialmente para comunidades que ya están sobre-vigiladas, sub-protegidas y excluidas de la toma de decisiones.
Debemos hacerles a nuestras personas electas las preguntas que la política impulsada por donantes suele evitar:
¿Quién se beneficia de su trabajo?
¿Quién quedó fuera?
¿Quién estuvo en la mesa y quién no?
Las personas electas rinden cuentas a la gente que representan. Cuando el dinero y el poder moldean la política sin transparencia ni rendición de cuentas ante nuestras comunidades, la democracia deja de funcionar para el pueblo al que dice servir.
Merecemos un liderazgo arraigado en valores, ética y experiencia vivida. Y cualquier estructura política —ya sea un partido, un caucus o una red de donantes— que no pueda cumplir con ese estándar no debería estar dando forma a la política en nuestro nombre.
Dusti Gurule, Presidenta y Directora Ejecutiva del Organización de Colorado para la Oportunidad de las Latinas y los Derechos Reproductivos (COLOR) y Fondo de Acción de COLOR.
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